Si hay algo que me marcó desde chica, como a muchos otros, fue el mundo de Disney. Pero con el tiempo, al estudiar diseño, empecé a mirarlo desde otro lado. Ya no era solo fascinación por lo que veía, sino que me hacía preguntas: ¿cómo lograron hacer todo esto? ¿A quién se le ocurren estas ideas? ¿Cómo son los equipos de trabajo? ¿Cómo surge cada proyecto? ¿Es solo la idea de una persona o es el resultado de muchas ideas unidas? Estas preguntas me llevaron a investigar, mirar documentales y series sobre Disney, y descubrí que es un caso de diseño que me sigue impresionando muchísimo. Es uno de los pioneros y revolucionarios en el diseño, y abarca casi todas sus ramas. Desde la ilustración, que es tan gigante y esencial en todas sus películas, series y programas de televisión, hasta la animación, en la que también fueron pioneros, lanzando la primera película animada con Blanca Nieves.
Disney no es solo lo que vemos en una pantalla; también es una de las marcas más fuertes y reconocidas del mundo. Este es otro aspecto que me impresiona: cómo de una película surgió una de las marcas más importantes del mundo. ¿Cómo fue que a partir de dibujitos animados llegaron a tener parques de diversiones en diferentes continentes? Me impacta cómo crearon todo un universo que influye en millones de personas, no solo en chicos. Disney no solo es cine, no solo es un personaje, ni una simple animación. Tampoco es solo una marca o un parque de diversiones. Disney es todo eso y mucho más. Lograron construir una identidad tan fuerte que cualquier persona, sin importar de dónde venga, puede reconocer al instante algo que sea “muy Disney”.
A medida que fui creciendo, entendí que Disney es un universo en el que todo se conecta y en el que la imaginación parece no tener límites. Esa sensación de que alguien fue capaz de imaginar algo tan grande y hacerlo realidad me hace admirarlo aún más. No se trata solo de personajes o de mundos de fantasía; es el hecho de que lograron llevar a cabo algo que parecía imposible, y de ahí mi fascinación. Se me hace imposible pensar en otro ejemplo que haya influido tanto en el diseño y en tantas generaciones.
Cuando me siento a diseñar y pienso en Disney, siento que me impulsa a pensar en grande, a no ponerme límites. Claro, sé que Disney es una mega corporación y que mi trabajo y mis proyectos son otra cosa, pero igual me inspira saber que empezaron de cero, con una idea y un propósito. Esa historia de crear un imperio de la nada y de inspirar a millones me recuerda que, aunque tenga dudas o miedos, es posible. Porque Disney es eso: es imaginación, es valentía, y es una inspiración constante para mí y para miles de personas.
Al final, me doy cuenta de que tanto la Bauhaus como Disney, con sus enfoques tan diferentes, tienen algo en común: ambas nos muestran el poder de imaginar sin limites y de crear desde lo más auténtico. Me hace pensar que, a veces, como diseñadoras, nos enfocamos tanto en lo técnico y lo correcto, que olvidamos lo más importante: la capacidad de soñar y de pensar en grande.
Hoy, cuando me siento a diseñar, me acuerdo de estos referentes, pero también me acuerdo de que mi camino es único. Puedo aprender de los grandes, pero también debo confiar en mi propia visión. La creación no se trata solo de aplicar reglas, sino de encontrar un espacio en el que me sienta libre para experimentar, un espacio que me apasione y me haga volar y hacer lo que solo yo puedo hacer. Porque al final, cada proyecto, aunque pequeño, es una oportunidad para construir algo nuevo, algo que, de alguna manera, puede influir o inspirar a otros. Y eso es lo que me sigue motivando: el poder de transformar mis ideas en algo real, sin miedo a los límites.
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