¿Quién es “yo”?
Yo es una chica de 22 bastante perdida en la vida. No sabe qué es lo que le va a pasar mañana. Le aterran un poco las famosas preguntas “¿qué vas a hacer cuando termines la carrera? ¿cómo te ves en 10 años?” Y la respuesta casi siempre es no sé. Ese no sé, es una incertidumbre, y una incertidumbre es uno de sus grandes miedos porque Yo es una chica muy perfeccionista, una chica que ama el detalle, ama esforzarse y conseguir con esmero lo que quiere. Esa sensación de perfección, quizás, compensa un poco el caos que siempre la rodeó. La perfección es algo que Yo quiere superar y dejar atrás porque sabe que, en verdad, es una máscara que oculta otra realidad; una máscara que oculta sus miedos e incertidumbres. Yo del presente le dice a este Yo del pasado que transforme esos miedos e incertidumbres en preguntas, en problemas. Que los pueda utilizan como fuente de creación. Que no la paralicen.
Yo es una chica que nunca se sintió representada con la generación en la que nació. Quizás “representada” no es la mejor palabra, quizás es más una sensación de “desconexión”, de no entender los códigos o las formas. Las tendencias, las modas, las novedades. Pero, a veces, no se anima a decirlo por miedo a que le digan que es algo “cliché”. Le cuesta adaptarse a la rapidez, a la velocidad con la que funcionan las cosas y las relaciones. Cree que el mundo es como una máquina caminadora, y ve que la mayoría vive caminando mientras que ella, muchas veces, tiene que ir corriendo para poder acoplarse y no quedarse atrás. Cree que el mundo es muy superficial y que, a pesar de parecer estar más conectado, está completamente desmembrado. En una era digital, ella se siente más analógica. Más cerca de lo que tiene un peso, una textura, un ritmo más pausado. En un mundo donde se prioriza la rapidez, Yo apuesta por el detalle. Qué cliché, ¿no? Pero a Yo le encantaría que el mundo sea así. A Yo le gusta mucho una frase de Jonas Mekas, cineasta independiente lituano, que resume muy bien cómo se siente: “en estos tiempos en los que el mundo ansía tener éxito y vender, yo quiero brindar por aquellos que sacrifican el éxito social por la búsqueda de lo invisible, de lo personal”.
Hay respuestas que sí puede dar, como que le gusta leer, mirar todas las películas y series que pueda, pintar, tocar y aprender música... Le gusta la manualidad, lo tangible, pero también lo intangible como la luz que emanan las pantallas y forma imágenes, y las ondas sonoras que producen escalofríos. Hay algo en la contradicción que la define, un amor por lo físico y lo inmaterial, por lo concreto y lo abstracto. Quienes la conocen a fondo suelen decirle que es una persona completamente distinta a la que parece ser a simple vista.
Fue criada al ritmo de Wham! y Toto, pero se ve más reflejada en la reconocida generación “MTV”. Hay algo en lo ruidoso, rebelde y expresivo de los 90s que le cautiva, que le llama la atención. Siente que, a pesar de no haber vivido esa época, entiende su idioma, como si fuera su idioma nativo. Un idioma audiovisual. En un mundo donde todo parece estar predeterminado, Yo encuentra en esa generación, un idioma auténtico. Hay algo en la mezcla de lo analógico y lo digital que le recuerda que no todo tiene que ser perfecto o pulido para ser valioso. Esa generación era imperfecta, a veces desordenada, pero siempre real, siempre genuina.
A Yo le encanta viajar. Le emociona ver nuevos paisajes, perderse en calles desconocidas y descubrir rincones ocultos. Le encanta probar comidas locales, aprender modismos de cada cultura, entender el idioma, la historia. Le gusta rodearse de diversidad y novedad. Siempre está aprendiendo algo nuevo, y la mayoría de veces, de manera autodidacta. Cada viaje, cada experiencia, queda plasmada en lo que ella llama su "caja de memorias" y su "agenda de vida". Allí, colecciona fotografías que capturan momentos especiales, postales de los lugares que visitó, mapas que trazan sus caminos recorridos, periódicos de momentos que cree que son valiosos (como cuando Argentina salió campeón en el Mundial y en la Copa América). Además, su colección incluye souvenirs, ya sean comprados por ella misma o regalos de otros, cada uno con su propia historia. Estos objetos no son simplemente recuerdos, sino piezas de un rompecabezas que conforman su vida, cada uno representando una parte de su viaje personal y del camino recorrido. Para Yo, cada elemento en su caja de memorias y su agenda de vida es una puerta a quien ella es.
Yo es una persona bastante introvertida y odia ser el centro de atención. Lo evita cada vez que puede. No es una chica que se rodea de multitudes ni tiene miles de amigos. Mejores amigos, tiene pocos. Su elección de mantener sólo a unos pocos cerca no es por timidez, sino por un deseo de relaciones significativas y auténticas. Estos lazos, aunque pocos, son profundos. En clase suele costarle hablar en voz alta, en especial cuando en el aula hay más de 50 personas. Pero, hay veces, que no puede dejar de hablar. Hay veces que no puede dejar de escribir. Las palabras fluyen sin filtro. ¡Es contradictorio! Pero, Yo cree que EL MUNDO es contradictorio. Yo es un reflejo simplemente. Yo se obsesiona por el control, pero no sabe qué responder. Le fascina lo tangible, pero le atrae lo inmaterial. Es introvertida, pero a veces no puede callar. Se esfuerza por encajar, pero siente que no pertenece. Yo siente que sus contradicciones las puede canalizar de una sola forma: haciendo arte. Yo cree que sí puede responder a la pregunta, “¿por qué elegiste estudiar diseño?”. Yo simplemente espera que, en este mundo comercial, no pierda su chispa de pasión y amor por el cine…
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