Memoria grupal
"Ciudad interconectada"
Un grupo que se forma sin prejuicios previos, sin saber quién es cada uno. Confiamos en la clase y en cómo nuestros instintos nos llevarían a elegir correctamente, confiando en el proceso. Con palabras o frases, nuestro consciente busca a alguien que piense de forma parecida, o que en cambio, creamos que nos complementará en nuestras faltas.
Desde que comenzamos, notamos que no compartir el mismo enfoque o experiencia academica, es a la ves un desafio y una oportunidad para el proceso creativo. Nos preguntamos: ¿Hasta que punto esas diferencias, en vez de ser una barrera, podían transformarse en una fortaleza? ¿Qué habría pasado si todas estudiáramos lo mismo y pensáramos igual? ¿Puede ser que lo que percibimos inicialmente como un obstáculo o un problema, en realidad sea lo que nos impulsa?, en vez que pensar que eso sería una traba, nos dimos cuenta realizando la actividad que cada una tenía diferentes conocimientos para desarrollar la actividad, diferentes miradas frente a un problema; aunque algunas compartíamos los mismos saberes los aplicábamos de maneras diferentes y eso construyó una pieza innovadora. En base a esto me pongo a pensar lo necesario y nutritivo que es este encuentro entre diferentes disciplinas, sin ellas el resultado nunca hubiese sido el mismo.
Iniciamos la actividad grupal con un conjunto de palabras con las que todas estábamos de acuerdo: nuestra ciudad ideal debía ser segura, diversa, verde, espaciosa y colorida. Estas palabras surgieron del consenso, de la discusión y la argumentación. Hubo algunos conceptos que tuvimos que ir cediendo para poder quedarnos con 5. Y así y todo, quizás el orden de prioridad en que ubicamos las frases tampoco correspondía al criterio exacto de todas. Si de la mayoría. Eso es trabajar en equipo, ¿no? Personas que trabajan conjuntamente hacia un objetivo común, en este caso, armar una lista con 5 adjetivos. Y ese fue orden. Esas fueron nuestras bases sobre las que empezamos a construir nuestro proyecto. ¿Puede ser que la acción inmediata nos empuje a una mayor espontaneidad y eficacia en la toma de decisiones? Esta experiencia también nos lleva a cuestionar el valor de la adaptabilidad frente a la necesidad de seguir procedimientos establecidos.
Al principio, no surgieron roles definidos; no pudimos determinar cómo repartirnos las tareas, no entendíamos cómo hacerlo. Cada una viene de carreras distintas y modalidades de trabajo muy diversas. ¿Que tan importante es el rol de cada una en el equipo?. Nos planteamos si era necesario definir los roles desde un inicio o si dejar que cada una encuentre su lugar de doma más espontánea, en función a las necesidades u objetivos que iban surgiendo. Esto se fue resolviendo de forma orgánica a medida que comenzamos a desarrollar la construcción de nuestra “ciudad ideal”. Fue en el momento en que una integrante lanzó una idea cuando el resto del grupo empezó a sugerir qué hacer a continuación. Algunas se encargaron de buscar materiales, otras comenzaron a ejecutar la idea, mientras que algunas otras se dedicaron a crear diferentes partes para confeccionar el todo. Cada integrante del grupo aportó una perspectiva única que enriqueció el proyecto, nos dimos cuenta de que nuestras diferencias no eran un obstáculo, sino una fortaleza; combinando habilidades técnicas, creativas y prácticas, cada cual ocupó un rol diferente sin tener un “líder” anunciado o roles previamente asignados en el planeamiento. Este mismo enfoque nos llevó a cuestionar nuestras ideas ¿Hasta que punto nuestro conocimientos nos ayuda o limita cuando trabajamos en quipo? Colaborar requiere de soltar esas certezas en donde la práctica un esfuerzo importante de autocrítica y apertura. Viéndolo ahora, pienso, ¿qué implica realmente el trabajo en grupo? ¿Es más importante tener roles definidos o es más valioso adaptarse al momento, al proceso y a como fluye del grupo? Creo que al forzar una estructura rígida desde el inicio, limitaríamos el potencial creativo del grupo, situación que quizás paso los primeros minutos cuando no sabíamos como avanzar desde el lugar "duro" de asignarnos roles.
La idea inicial de una ciudad ideal fue transformándose y evolucionando rápidamente, pasando a ser una ciudad más "circular", "céntrica" y principalmente "conectada" en todos sus puntos. En vez de quedarnos estancadas en una idea fija de cómo debía ser nuestra ciudad, permitimos que el proyecto evolucionara de manera natural. Además, se le añadió una cualidad que, al principio, no tuvimos presente: una ciudad que levita, una ciudad “espacial”. A esa ciudad la llamamos: “La ciudad intergaláctica”, teniendo como referencia la obra “La ciudad hidroespacial” de Gyula Kosice. La inclusión de elementos como la colectividad y el concepto de una ciudad que levita surgieron espontáneamente y llevó a que repensemos la idea principal. Hay algo en la diversidad y la seguridad que, tal vez, se conecte con esta nueva idea de interconexión: una ciudad más integrada, accesible y cohesionada. Algo interesante y quizás se deba a la raíz común de nuestras carreras: pensamos más en una descripción visual y de apariencia que en un planteo de valores. ¿Será que al estudiar diseño, lo visual es en lo primero que pensamos? ¿Deberíamos pensar más en las implicancias sociales y culturales de nuestros proyectos? ¿De la impronta que tienen? ¿Qué dicen sobre nosotras y de lo que pensamos del mundo?
No sabemos si al final esa era realmente nuestra ciudad ideal, pero fue divertido experimentar y jugar con los recursos que teníamos a mano. Coincidimos en que la dinámica de resolver un problema rápido de manera colectiva nos ayudó a encontrar una respuesta efectiva, el no tener tanto tiempo para pensar y pasar directo a la acción nos ayudó a que nuestras ideas tomaran forma rápido. Poder concretar materialmente una idea nos permitió romper el hielo en el grupo, explorar nuevas ideas y enfoques, y además, trabajar en equipo de una manera improvisada pero bastante efectiva, en confiar en el proceso y en la capacidad del grupo para adaptarse y crear algo significativo. ¿Es posible crear algo innovador si no se está dispuesto a abrazar las diferencias entre los miembros del grupo?
Poder entregarse a nuevas experiencias con gente nueva es ideal para el proceso creativo, tanto en generar una base retroalimentativa en un proyecto como en nosotros mismos como individuos que evolucionan a través de ellas. Podemos no todas tener el mismo rol; dependiendo nuestra vivencia es que cada una destacará en un rol dependiendo la tarea a desarrollar. Lo que parece quedar claro es que el verdadero desafío radica en equilibrar la colaboración espontánea con la estructura, permitiendo que ambas se complementen para alcanzar un resultado que no podría lograrse de otra manera.
En este clase, me di cuenta de que cada una traía una manera de pensar distinta, influenciada por nuestras disciplinas y experiencias en FADU. Cada carrera no solo nos da herramientas específicas, sino una forma particular de ver el mundo. Me sorprendió ver cómo ideas que parecían chocarse al principio, luego se complementaron y fortalecieron el proyecto. Este cruce de enfoques fue una especie de ejercicio de confianza mutua: cada una aportó su visión y, al combinarse, generaron un resultado más rico y complejo de lo que cualquiera habría llegado a crear solo
Reflexionando sobre este proceso, creo que este tipo de experiencias no solo enriquecen nuestras habilidades técnicas, sino que nos invitan a cuestionar nuestros propios límites. Me hizo pensar que el aprendizaje no siempre proviene de perfeccionar una técnica específica, sino de nuestra apertura para explorar ideas nuevas e integrar formas de pensar que no son las nuestras o a las que estamos acostumbrados.
Integrantes:
Casado Sofia
Gil Agustina
Grecco Karen
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