Clase 3
Idiolecto - El poder de las palabras
En esta clase reflexionamos y debatimos sobre “el poder de las palabras”, su peso, y su implicancia en nuestro proceso de diseño. Tras ese análisis, me surge esta pregunta: ¿podemos diseñar sin palabras? No me refiero únicamente a la capacidad de pensar sin palabras, ya que quizás podamos concebir ideas en forma de imágenes y sonidos, aunque incluso eso lo pongo en duda. Mi verdadera inquietud es si podemos materializar una idea en algo tangible, como un objeto, edificio o película, sin recurrir al uso de las palabras. En principio, mi respuesta es que no porque, a través de ellas, logramos comunicar nuestras ideas. Creo que las palabras tienen un gran protagonismo en el proceso de diseño, nos permiten conceptualizar, expresar y compartir nuestras visiones con otros. Cuántas veces me habrán dicho: hay que bajar la idea al papel…
Ahora bien, hay ciertas palabras que influyen significativamente en el proceso creativo, ya sea de manera positiva o de manera negativa. Con las chicas del grupo debatimos sobre estas expresiones que modificaron nuestros proyectos a lo largo de nuestra experiencia en la FADU. Coincidíamos con que en mi carrera (Diseño de Imagen y Sonido) hay un enfoque más “pedagógico”, en comparación con otras, como arquitectura. Quizás esto se deba a que es una de las carreras más recientes de la facultad, lo que implica que tenga un acompañamiento un poco más cercano y contante entre el docente y el estudiante. Sin embargo, ser más "pedagógica" no significa que los comentarios de los docentes no hayan influido en mis proyectos o en mi estado de ánimo. Aunque pocas veces recibí comentarios “hirientes”, en muchas ocasiones las palabras y la forma en que fueron expresadas pusieron en mí una gran presión para no defraudar al docente. Creo que esa también es una forma de influir, ¿no? Quizás de manera indirecta, transmitiendo expectativas altas o estándares que sentimos que debemos cumplir o poniendo de ejemplo a seguir a figuras del cine que son inalcanzables y que son una suerte de “deidad”. Estas palabras terminan traduciéndose, de manera indirecta, en una sobreexigencia sobre uno mismo que lleva, en muchas ocasiones, a la frustración y a querer dejarlo todo. Al final, no hay a quien culpar más que a uno mismo.
Lo interesante de todo esto, es que nos dimos cuenta que esas palabras que nos afectaban tanto al inicio de la carrera, en especial en el CBC, ya no nos afectan de la misma manera. Crecimos! Y con nosotras, nuestros bancos de saberes. Ya no estamos posicionadas de la misma forma que hace 5 años. Ahora estamos en nuestra fase de disfrute, de libertad creativa, de autovaloración, siempre con incertidumbres, pero sobre un piso un poco más firme. Siento que el grupo de trabajo es un factor determinante. Actualmente, estoy haciendo la tesis con un equipo que, en general, se toma las cosas a la ligera. No se preocupan demasiado, disfrutan del proceso, y fluyen con naturalidad en cada tarea. Hace tres años, esta actitud probablemente me habría chocado, porque yo solía enfocarme en hacer todo perfecto. Sin embargo, hoy reconozco y valoro su filosofía de trabajar, y aprendí a apreciarla. La facultad, por otro lado, nos fue enseñando que es necesario valorar nuestras ideas, defenderlas y expresarlas sin tanto miedo a ese juicio externo. Y muchas veces nos dijeron que, en realidad, lo que importa es el proceso. Y eso me parece que es una gran enseñanza.
Pero, todo es como un ciclo. Cuando terminemos la facultad, y tengamos un primer trabajo como “profesionales”, empezamos de nuevo. No de la misma manera en que empezamos a facultad, obviamente, porque ahora cargamos con un bagaje considerablemente más amplio de saberes y conexiones. Por eso, el ciclo es más bien una espiral. Nunca vuelve a empezar de “cero”. Cada nueva etapa nos reposiciona en un nivel diferente, con experiencias previas que nos fortalecen.
Este análisis sobre el poder de las palabras y su influencia en el diseño y en nuestras vidas, me permitió entender y ser más consciente de cómo interpretamos lo que recibimos de los demás. Y también como nos comunicamos con los demás. A veces, somos nosotros mismos los que podemos influir significativamente en el proceso creativo de un compañero. De adolescente siempre tuve presente una frase que saqué de una serie noruega, “Everyone you meet is fighting a battle you know nothing about. Be kind. Always” (“Todas las personas que conoces están librando una batalla de la que no tienes ni idea. Sé amable. Siempre”). Muchas veces, un comentario que parece inofensivo o un chiste con tintes irónicos puede no ser recibido como tal; nunca sabemos con certeza cómo las palabras pueden repercutir en alguien más, cómo un comentario puede resonar y permanecer.
Existen múltiples variables a considerar: quién es el emisor de esa palabra, quién el receptor, en qué contexto, cómo es la frase, cómo se la interpreta y cómo influye en el proyecto. ¿Qué dicen de nosotros las palabras que emitimos? Esto me hace entender que nosotros somos los únicos que podemos tomar esas palabras (positivas o negativas) y transformarlas o no en un nuevo aprendizaje. Entonces me vuelvo a hacer la pregunta, ¿podemos aprender a diseñar sin palabras? ¿podemos diseñar sin palabras? ¿podemos vivir sin palabras? ¿podemos realmente pensar sin ellas?
Pd: creo que una buena película para reflexionar este análisis de las palabras en un contexto académico es Whiplash. Creo que todo docente y estudiante debería verla.

N+/SN
ResponderEliminarEste texto refleja un abordaje reflexivo y crítico que va más allá de lo descriptivo, llegando a una síntesis conceptual sobre la influencia de las palabras en el diseño y en el proceso formativo. Además, muestra una clara evolución en la manera de enfrentarse a los desafíos de la carrera y a la autovaloración como diseñadora.
El texto plantea preguntas significativas y reflexiona sobre el impacto de las palabras en el proceso creativo, lo que indica un posicionamiento claro y una comprensión del contexto. Se percibe un desarrollo crítico en la interpretación de estos problemas.