A diario suelo escuchar hablar de los “diferentes tipos de inteligencias” en lugar de los “diferentes modos de pensar”. Esta distinción, me despierta una primera inquietud: ¿existen formas de pensar más inteligentes que otras? Por lo general, se tiende a valorar más el pensamiento lógico-matemático por encima de otras formas, como el pensamiento corporal o el artístico. Cuando éramos más chicos, era más “inteligente” el que podía realizar ecuaciones con facilidad o que se destacaba en competencias académicas como las olimpiadas de matemáticas. En mi caso, las matemáticas nunca fueron mi fuerte, pero tenía facilidad en la música. Sin embargo, esa habilidad parecía estar subestimada por la institución, que premiaba sólo a aquellos que tenían mejor promedio anual.
Este "modelo" educativo y social, siempre me condicionó, incluso a la hora de elegir mi carrera. Muchas personas a mi alrededor me sugerían estudiar arquitectura si quería algo relacionado con el diseño, argumentando que era una carrera más prestigiosa y de mayor dificultad. Por eso, me gusta más la idea de “pensamiento” y no de “inteligencia”. ¿Por qué tendemos a elevar ciertos modos de pensar por encima de otros? ¿Quiénes somos para determinar que un tipo de pensamiento es superior a otro? Incluso, ¿por qué siempre tenemos la tendencia de “categorizar” en tipos? (La categoría es también un modelo que estamos replicando, el aristotélico). Lo que sí creo es que cada uno tiene más afinidad o facilidad con ciertos modos de pensar, y esto es lo importante. Pero, eso no debería llevarnos a despreciar aquellos que no encajan en los moldes tradicionales de la “inteligencia”. En clase, surgió una discusión sobre la importancia de desarrollar aquellas formas de pensar en las que somos más débiles, lo cual me genera dudas. Aunque comprendo el valor de reconocer las múltiples formas de pensamiento, no estoy segura de coincidir plenamente con la idea de que debamos desarrollar todas ellas. Al final, si todos lográramos ser “buenos” en todos los modos de pensar, ¿no terminaríamos siendo, en cierta forma, iguales? Quizás sea más enriquecedor enfocarnos en aquellas formas de pensar donde realmente brillamos y aceptarnos con nuestras diferencias, que intentar uniformarnos bajo un ideal de “pensamiento homogéneo”.
Esto me lleva a pensar en la idea de “éxito”. Para muchos, el éxito está vinculado a trabajar en grandes empresas, alcanzar altos ingresos económicos y escalar profesionalmente. Pero, creo que en esta reflexión lo puedo pensar de otra manera. Para mí, el éxito radica en descubrir cuál es la forma de pensar en la que realmente nos destacamos, y tener la oportunidad de dedicarnos a ello con naturalidad y placer. Esto no significa que el esfuerzo no sea importante, sino que deberíamos empezar a imaginar un mundo en el que todas las formas de pensar sean valoradas por igual. Me acuerdo que cuando cursaba en la secundaria, soñaba con poder ir a un colegio que se enfocara únicamente en las artes y el diseño. Sentía que tenía una facilidad natural en ese ámbito, y me parecía mucho más productivo y enriquecedor aprender, por ejemplo, sobre la historia del arte que sobre la historia político-social de Europa del siglo XIX. Me parecía mucho más lógico aprender a coser o tejer que aprender a resolver logaritmos. Sé que parece una idea “loca”, pero creo que con 22 años sigo pensando lo mismo. Por ahí, dentro de unos años, mi forma de pensar sobre esto cambie… ¿Existen modelos educativos que valoren otras formas de pensar de manera más equitativa? ¿Podríamos imaginar un sistema educativo que no se base en categorías rígidas sino en un enfoque más flexible, donde los estudiantes puedan explorar sus intereses sin etiquetas limitantes?
En cuanto a los “modos de pensar” que discutimos en clase, me di cuenta de que tengo mayor afinidad con el pensamiento espacial, rítmico-musical, místico y corporal. Siento que me encuentro en un punto intermedio entre lo puramente "concreto" y lo totalmente "abstracto". Y definitivamente, no me destaco en lo técnico ni en lo manual. Lo técnico y manual me intimida, y suelo evitarlo siempre que puedo. Creo que la preferencia por un modo de pensar sobre otro es algo inconsciente y está influenciada por nuestra formación, nuestros bancos de saberes y el contexto en el que nos desarrollamos. Además, considero que, en muchas ocasiones, estas formas de pensar nos son “impuestas” de manera forzada por las instituciones.
¿Qué significa pensar para mí? Los pensamientos se asemejan al viento: a veces son una suave brisa, tranquila y serena; otras veces, son como un huracán, descontrolados, arrasando con todo a su paso. Me pregunto si sería posible controlarlos, como si pudiéramos predecirlos, como se hace con el clima y el pronóstico. Siendo una persona cuyos pensamientos a veces atormentan, ¿es posible inducir a ese viento a un estado de calma, donde apenas se le perciba? ¿O es posible hacer que ese viento se vuelva más fuerte, más ruidoso? No sé, tal vez no. Porque aunque no estemos de manera consciente pensando, estamos pensando. El pensamiento siempre está presente, latente, como el viento que nunca cesa. Incluso cuando dormimos, la fábrica nunca deja de funcionar...
Mi modelo gráfico: una suerte de sistema solar que gira alrededor nuestro. No son posiciones estancas, sino que permiten la transformación y el movimiento. Pueden crecer o pueden apagarse, como las estrellas.
N+
ResponderEliminarEs muy buen análisis.
Cumples con todos los parámetros para este nivel, de hecho llegas a abordar muchos de los conceptos dados en clase, pero podrías integrar preguntas preguntas más criticas o conceptos más allá de tu experiencia personal para abordar una critica más profunda.