Los problemas
¿Los problemas? ¿O mis problemas?
Indiscutiblemente al empezar la clase, pensé en un problema que me atravesaba a mí, una elección que podría parecer "narcisista" al ponerme en el centro de la situación. Esto me llevó a cuestionar si existen problemas que no estén atravesados por un "yo", o si, en su defecto, no están condicionados por la presencia del ser humano. En definitiva, un problema es un problema porque yo —como ser humano, vivo y social— lo determino como tal. Esto me hace pensar que el problema, quizás, podría ser una construcción, una interpretación del mundo en lugar de una realidad objetiva.
Ahí es cuando la ecuación SUJETO-PROBLEMA, cobró sentido para mí. Son inseparables, como dos caras de una misma moneda, donde uno no puede existir sin el otro.
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Problema vs. Problema detonante
¿Cuáles son las diferencias? ¿Un problema detonante es como un problema mayor? ¿Un problema que nos pone en crisis? ¿Un problema que nos empuja al límite, nos enfrenta a una situación crucial o nos deja al borde del abismo? ¿Qué su resolución implica un cambio? ¿Qué tipo de cambio? ¿Un giro de 180º? ¿Son un punto de inflexión? ¿Generan otras explosiones y problemas desencadenantes?
Al hacerme estas preguntas, me di cuenta de que, en mi caso personal, los problemas detonantes me incomodan y me generan miedo. ¿O mis miedos me generan problemas detonantes? Sin embargo, al mismo tiempo, me impulsan a moverme, a buscar distintas soluciones posibles. Me llevan a organizarme, a crear esquemas y a sistematizar.
El problema detonante como contenedor de otros problemas. Y por fuera de esa ameba, las posibles soluciones que lo rodean.
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Mi problema detonante
En realidad pensé en un problema que tuve, que ya no tengo ahora. Fue un problema que logré "resolver", quizás no por completo, pero sí en parte. Un problema que me puso en una encrucijada: "¿qué hacer para la tesis?"
Ese problema desencadenaba otros interrogantes: ¿cuándo? ¿con quién? ¿sobre qué? ¿cómo financiarlo? En el fondo, mi dilema principal era decidir entre esperar un año para dirigir mi propia película, aunque sin contar aún con una idea clara ni un equipo formado, o unirme a un grupo ya armado, de personas muy buenas y "reconocidas en la carrera", pero cediendo en parte mi ego para asumir un rol menos destacado. Este problema, a su vez, desencadenaba otras preguntas más profundas; ¿soy buena en lo que estoy estudiando?, ¿es algo a lo que me voy a dedicar toda mi vida?, ¿soy lo suficientemente creativa para dedicarme a esto?, ¿es el primer paso al mundo profesional?, ¿qué va a decir el proyecto de mí?, ¿voy a disfrutarlo o voy a padecerlo? ¿me siento diseñadora?
Puede que para otros este problema fuese insignificante, pero para mí, a principio de año fue crucial. Me puso en una crisis. Fue el núcleo de una crisis personal que me llevó a replantearme todo: mis objetivos, mis aspiraciones, mis pasiones, mi futuro, mis habilidades. Me enfrentó a miedos que no sabía que tenía, o no era lo suficientemente consciente de que los tenía. Pero, lejos de paralizarme, esta situación me impulsó a actuar. Empecé a hablar con diferentes personas, a buscar opiniones y a explorar diversas opciones que me permitieran tomar una decisión. Y hoy por hoy creo haber hecho lo correcto porque estoy contenta y lo estoy disfrutando. Mientras escribo esto, estoy a un día de tomarme un avión a Chubut para grabar mi tesis.
Estoy segura que dentro de poco otro problema detonante me va a surgir y me va a movilizar. Pero también estoy segura que voy encontrarle la vuelta para resolverlo. En la facultad aprendí que cada crisis trae consigo una oportunidad de crecimiento y aprendizaje. Incluso estoy aprendiendo en esta materia que hay problemas a los que puedo anticiparme, y ya tengo identificados algunos con los que puedo empezar…
Convertir lo que resuena en nuestro interior -sean ideas, referentes, miedos o incertidumbres- en problemas que nos movilicen a diseñar y crear.
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