"Referentes"
Desde el principio, me resultaba complicado plantear la idea de presentarme en base a referentes. A menudo, cuando hablamos de ellos, pareciera que se espera que estas figuras se conviertan en una especie de homenaje, como si fueran ejemplos que debiéramos seguir ciegamente. Pero para mí, el verdadero valor de los referentes no está en lo que representan en sí mismos, sino en cómo me complementan, en cómo me permiten pensar sobre mi propia trayectoria y evolución. Los referentes, más que guías a seguir, son espejos que reflejan aspectos de mi propio proceso de autodescubrimiento y transformación.
Cuando en clase nos pidieron identificar referentes, mi respuesta inicial fue dubitativa. ¿Realmente tengo referentes fijos que me han marcado a lo largo de mi carrera? La respuesta más honesta sería no, al menos no de una manera tradicional. No se trata de figuras a las que les deba un reconocimiento especial, sino de ideas y experiencias que han resonado conmigo en distintos momentos. Estos referentes no son absolutos, sino que evolucionan conmigo. Lo que antes consideraba una fuente de inspiración, hoy lo veo como un recordatorio de quién fui y hacia dónde quiero ir.
A partir de mi infancia hasta el presente, he notado que muchos de estos referentes han evolucionado. Aunque a menudo representan conceptos similares, cada uno ha incorporado algo nuevo, reflejando mi experiencia vivida o lo que estaba experimentando en ese momento. Por ejemplo, mientras que una película que me inspiró en la adolescencia puede haber sido una forma de escapar, ahora veo que también refleja mis aspiraciones profesionales actuales. Este cambio en la percepción de mis referentes me muestra cómo he cambiado yo misma, cómo lo que en su momento me servía como inspiración, ahora puede ser una herramienta más consciente de autodescubrimiento.
De lo practicado en el aula con mis compañeras, puedo decir con seguridad que el proceso de identificar y reflexionar sobre nuestros referentes revela una profunda interacción entre la influencia externa y nuestra propia evolución interna. En clase, discutimos cómo los referentes, ya sean personas, objetos, o experiencias, no solo moldean nuestra identidad y nuestras decisiones, sino que también reflejan la evolución de nuestras percepciones y valores. Así como mencionamos en grupo, los referentes actúan como espejos que muestran cómo hemos cambiado, pero también considero que son como faros que guían nuestro camino hacia el futuro.
Lo interesante de este proceso es cómo la propia elección de los referentes también cambia. A veces, lo que admiramos en una persona o lo que nos inspira en una obra no está tan relacionado con lo que hacen o dicen, sino con lo que esas acciones o palabras provocan en nosotros. Nos enfrentamos a esa compleja mezcla de quiénes somos y en quiénes queremos convertirnos, y los referentes que elegimos suelen ser un reflejo de ese deseo de evolución.
En mi experiencia, he notado que mientras nuestros referentes pueden parecer inmutables, en realidad, son dinámicos y están sujetos a nuestras propias transformaciones. Esta interacción entre lo que absorbemos de nuestros referentes y lo que reflejamos en nuestra identidad personal sugiere que, aunque somos moldeados por quienes nos rodean, también tenemos la capacidad de redefinir estos modelos a medida que evolucionamos. La idea de que nuestros referentes cambian con el tiempo me llevó a una reflexión quizás más profunda: lo que valoramos en una persona o en una obra hoy puede no ser lo que valoremos en el futuro, y eso está bien, porque nosotros también estamos cambiando constantemente.
Esta influencia, además, no siempre es directa. Puede ser un proceso de aprendizaje indirecto, como cuando vemos una película que nos marca sin que seamos del todo conscientes de por qué. A veces, es solo con el paso del tiempo que podemos reconocer la lección que nos dejó ese referente. Y también puede ser analógica, cuando comparamos nuestras propias vivencias con las de nuestros referentes, descubriendo similitudes que no habíamos notado antes. Esta conexión analógica es importante porque refuerza la idea de que no estamos solos en nuestras experiencias, sino que compartimos ciertos procesos con otros, aunque sean personajes ficticios o figuras lejanas.
Entonces, me surgen las preguntas: ¿En qué medida nuestras elecciones de referentes están condicionadas por nuestras experiencias pasadas y nuestra percepción del futuro? ¿Es posible mantener una identidad auténtica mientras se está profundamente influenciado por los referentes?. Es difícil afirmar que somos completamente autónomos en nuestras decisiones cuando constantemente nos inspiramos en otros. Pero, al mismo tiempo, me doy cuenta de que es posible mantener una identidad auténtica cuando aceptamos que la influencia de los referentes no tiene que ser una limitación, sino una herramienta para construir algo propio.
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Espero que, con esta reflexión, se entienda por qué no considero necesario mencionar específicamente a mis referentes. No se trata de restarles importancia a las influencias que han tenido en mi desarrollo. Por el contrario, mi postura es que los referentes no requieren un lugar de honor o una mención específica para tener relevancia en mi trayectoria. Al no nombrarlos, busco resaltar que su valor radica no en su identidad propia, sino en cómo me han permitido pensar y repensar mi propio camino.
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