CLASE 5 - Los modelos
¿Qué significa realmente un modelo en nuestro proceso de diseño? Nos dimos cuenta de que los modelos no son simples estructuras o normas a seguir; son herramientas que nos ayudan a interpretar y dar sentido al mundo que nos rodea. A través de ellos, logramos organizar nuestras experiencias, ideas y percepciones, creando marcos que nos permiten visualizar lo que es posible y lo que no lo es, lo que podemos aprender y lo que podemos transformar. ¿Nos dan sentido? ¿O nos imponen un sentido? ¿El sentido no es algo que deberíamos construir nosotras mismas? Si los modelos son herramientas que nos ayudan a dar sentido, ¿no deberíamos tener la capacidad de decidir qué sentido queremos darles nosotros mismos? Más allá de ser solo representaciones técnicas, cada modelo refleja patrones y comportamientos que moldean nuestras experiencias y nuestras decisiones.
Al hablar sobre los modelos en nuestra facultad, descubrimos que estos no solo son disciplinarios, sino también sociales y culturales. Muchas veces, seguimos modelos que están tan naturalizados en nuestro entorno que apenas los cuestionamos. Sin embargo, identificamos que estos modelos son, en gran parte, negociables y contingentes. Cada vez que participamos en un debate o intercambiamos ideas, estamos negociando activamente estos modelos, generando un espacio de reflexión donde lo qué consideramos “norma” puede ser redefinido o desafiado. Este proceso nos permite cuestionar y definir qué es lo que queremos lograr como diseñadores. Nos encontramos con la posibilidad de elegir qué elementos de ellos queremos incorporar a nuestro proceso creativo y cuáles preferimos confrontar o dejar de lado. Este proceso nos permite cuestionar y definir qué es lo que queremos lograr como diseñadores. Nos encontramos con la posibilidad de elegir qué elementos de esos modelos queremos incorporar a nuestro proceso creativo y cuáles preferimos confrontar o dejar de lado. Al hacerlo, nos empoderamos para crear un camino propio, más auténtico y alineado con nuestras inquietudes y visiones personales. Este ejercicio de cuestionamiento y negociación de los modelos nos lleva a una práctica más reflexiva y consciente, donde cada decisión que tomamos como diseñadores es el resultado de un proceso de autoexploración y de interacción con el mundo que nos rodea.
Un aspecto importante que surgió en el grupo fue la relación entre los modelos y la idea de un fin inalcanzable. A menudo, nos esforzamos por alcanzar una perfección idealizada, fuera de nuestro alcance, lo que genera una mezcla entre frustración y motivación. Sin embargo, en ese proceso, comprendemos que el diseño no es sólo el resultado final, sino también el camino recorrido, los modelos que seguimos y aquellos que decidimos dejar atrás. Este camino está lleno de momentos de negociación y transformación, no sólo con nuestros profesores y compañeros, sino también con nosotras mismas. En cada decisión, en cada elección consciente o inconsciente, moldeamos tanto nuestra práctica cómo nuestra identidad creativa. ¿Por qué aspiramos tanto a un modelo idealizado? A veces, la búsqueda de ese modelo perfecto se convierte en una especie de obstáculo. En lugar de disfrutar el proceso, nos atrapamos en la idea de que el diseño es solo un producto final, una meta. Entendimos con este debate, que la relación que hacemos constantemente con los demás es parte de nuestra búsqueda personal, de la búsqueda de nuestra identidad como diseñadoras. El transformarnos a partir de la experimentación con nuestras formas de pensar es parte de entender qué o quiénes queremos ser.
Nos dimos cuenta de que, en términos generales, el modelo que tenemos del estudiante de FADU es prácticamente el mismo para todos los grupos. Qué irónico es pensar que, creyendo ser únicos y con nuestra propia individualidad, en realidad somos casi idénticos. Esto nos generó cierta incomodidad, pero también nos llevó a reflexionar sobre la importancia de comprender los modelos, ya que solo así podemos elegir si subordinarnos a ellos o rebelarnos. Como discutimos en clase, lo fundamental no es si los modelos son buenos o malos, sino el nivel de conciencia que tenemos sobre su existencia. No tenemos el control sobre todos los modelos existentes, pero es importante ser conscientes de los mismos y que no sean los mismos un automatismo internalizado de aceptación de los mismos a medida que aparecen. Cuanto menos seamos conscientes del modelo que opera sobre nosotras, más alienadas estaremos... Poder indagar y cuestionarse sobre dónde estamos paradas nos permitirá tomar una posición frente al mundo y frente al diseño.
Nuestro modelo "faduense" puede ser un modelo generado de la necesidad de explotar creativamente y en su búsqueda, seguir estándares de los mismos, o, seguirlos como guía de modelo introspectivo hasta ya no serlo.
A veces, el rol de estos modelos en nuestro camino profesional y personal nos deja atrapadas entre dos opciones: seguir nuestras propias expectativas o las del entorno. Los modelos nos dan una estructura a la cual aspirar, y muchas veces queremos llegar a ese lugar; pero ¿qué pasa cuando eso no tiene nada que ver con lo que realmente queremos hacer o con nuestra manera de ver las cosas? Esto crea una especie de tensión entre lo que sentimos que queremos hacer y lo que pensamos que deberíamos hacer. Es incómodo, pero también nos ayuda a crecer, a cuestionarnos si de verdad queremos cumplir con esos estándares o si mejor nos lanzamos a experimentar y explorar, incluso si eso nos saca de la línea de lo que “debería” ser un modelo.
Además, nos preguntamos hasta qué punto el modelo se conecta con el prejuicio. Pensar en el modelo nos hizo darnos cuenta de que, aunque en algunas ocasiones puede ser un refugio, una forma de sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos, en otros momentos actúa como una fuerza que genera prejuicios y estereotipos. Estos prejuicios pueden encasillarnos, limitando nuestra identidad y empujándonos hacia una imagen rígida, alejada de la diversidad que pensamos representar. ¿Cuán conscientes somos de que, al aceptar o rechazar ese modelo, podemos estar replicando los mismos estereotipos que queremos evitar?, pero al mismo tiempo pensamos ¿Por qué queremos evitar a toda costa ser parte de un estereotipo? ¿No podríamos pensar que eso también es parte de la experimentación? a veces, caer en lo que ya está establecido no es algo malo, sino es parte del proceso, pero luego de vivirlo podemos decidir si nos quedamos ahí o seguimos experimentando. A veces, caer en lo que ya está establecido no es algo malo; sino que es parte del proceso, pero luego de vivirlo podemos decidir si nos quedamos ahí o seguimos experimentando.
Después de todo, trabajar con modelos en el diseño nos enfrenta a la pregunta de quiénes somos como creadores y qué papel queremos desempeñar en el mundo. Reconocer que los modelos no son verdades absolutas, sino puntos de partida flexibles, nos abre la puerta a una libertad creativa más consciente. Es en esta negociación constante, entre lo establecido y lo que deseamos transformar, donde reside el verdadero potencial del diseño. Al incorporarlos con nuestra mirada crítica generada, los mismos modelos pueden formar parte de nuestra cartera de herramientas. Al final, no se trata sólo de alcanzar una perfección absoluta, sino de abrazar el proceso como un espacio vivo de aprendizaje, reinvención y diálogo constante. Así, los modelos no nos limitan, sino que nos invitan a repensar el diseño como una herramienta para cuestionar, desafiar y, en última instancia, reimaginar el mundo que habitamos.
Grecco Karen
Caicaguare Indriany
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