Postulado de un cine inquieto
El cine es, ante todo, un reflejo de lo que somos y de aquello que imaginamos, tememos o deseamos. En un mundo que busca simplificar y uniformar, defendemos la autenticidad como el aura de cada obra y en el poder del cine para expandir la percepción y provocar en cada espectador una experiencia única. No se trata sólo de contar historias, sino desafiar el concepto que tenemos de la “realidad”, invitando a cada individuo encuentre su propio eco en lo que ve en pantalla. Este manifiesto se alza en defensa de un cine genuino, libre de moldes y fórmulas, capaz de arriesgarse en cada expresión, con la conciencia de que toda obra deja su propia huella en quien la ve.
A continuación compartimos los principios que sirven de guía en esta búsqueda:
Autenticidad y autoconsciencia
Renunciamos las fórmulas comerciales y a los formatos prefabricados. El cine debe ser un acto de honestidad artística donde cada película se exprese como un reflejo auténtico de su creador, sin miedo a exponer vulnerabilidades y opiniones. Todo en este mundo está hecho, pero mientras exista la mirada del realizador, cada historia será única. Es esa visión singular, ese filtro personal de experiencias, emociones y sensibilidades, lo que convierte a lo que ya está hecho en algo nuevo. No hay que temer a expresar lo que se crea en nuestras cabezas, sin importar cuán sencillo, extraño o delirante pueda parecer. Sin embargo, es esencial ser conscientes de las implicancias futuras que cada imagen, palabra y sonido puedan tener en la audiencia. En el cine, como en la vida, asumimos la responsabilidad de abrir puertas, conectar sensibilidades y provocar pensamientos que resonarán más allá de la pantalla.
Redefinición del conflicto
Nos alejamos de las historias de conflicto entre opuestos. La vida no se reduce a protagonistas y antagonistas; a menudo se trata de fuerzas que, aun teniendo objetivos similares, divergen en sus caminos. Promovemos un cine que rompa con este molde y explore otras dinámicas, reflejando la verdadera complejidad de las relaciones humanas.
Fuerza narrativa como poesía visual
Creemos en el poder de las imágenes y sonidos para transmitir lo indecible. Las películas, como la vida, no siempre necesitan palabras que las expliquen; se expresan en el silencio, en una mirada o en un gesto. Respetamos la inteligencia y sensibilidad del espectador, y rechazamos el impulso de subestimarlo dándole recetas o explicaciones para comprender la obra. Lo esencial es que cada espectador resuene con la película de distintas formas, encontrando en ella sus propios significados. No buscamos imponer verdades objetivas o una “única realidad” que no existe; el cine debe abrir puertas hacia múltiples interpretaciones, atreviéndose a hablar desde lo particular hacia lo universal.
Sueños y miedos: fuerzas narrativas
Los sueños y los miedos son las raíces más profundas de nuestra imaginación. Son las fuerzas invisibles que modelan nuestras ideas más honestas, aquellas que nacen en el espacio entre lo real, lo onírico y lo imposible. Los sueños, con su capacidad de transportarnos a mundos sin reglas ni límites, nos muestran lo que aún no ha sido dicho. Los miedos, con su poder de desbordarnos, nos enseñan la fragilidad humana. Ambos, como motores invisibles, alimentan la creación cinematográfica, ofreciendo una riqueza emocional sin fin.
Montaje con ritmo emocional
El montaje debe responder a las emociones antes que a la continuidad superficial. Que el ritmo se ajuste a la esencia de cada escena, sin estar atado a la estricta lógica del raccord, permitiendo que el espectador se sumerja en el pulso emocional que cada momento exige.
Experimentación en temas y formas
Defendemos un cine valiente, que no tema a lo incómodo y esté dispuesto a desafiar la comodidad del espectador en la butaca. Como en la vida, lo que sublima y lo que incomoda pueden coexistir, y el cine debe ser capaz de abordar esta complejidad, dándonos permiso para ver, sentir y cuestionar sin restricciones.
Descentralización de la producción
Creemos en la importancia de explorar y contar historias que surgen en diversos rincones del país, más allá de las ciudades con una industria cinematográfica consolidada. Al dar voz a estas narrativas, no solo enriquecemos el panorama audiovisual, sino que también promovemos un cine inclusivo y plural que celebra la diversidad geográfica y cultural. Es fundamental abrir caminos hacia nuevas voces y miradas, asegurando que el cine sea un espacio donde todas las historias tengan la oportunidad de llegar a la pantalla.
¡Esta es una invitación a crear sin miedo, a conectar más allá de la pantalla y a concebir el cine como una herramienta para abrir puertas a nuevas formas de ver, hacer y sentir!
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Qué importante es poder manifestar lo que pensamos porque al hacerlo nos invitamos a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro bagaje cultural. Nos empodera para cuestionar, explorar y desafiar los discursos dominantes. Al hacerlo, no solo reivindicamos nuestro lugar en el mundo, sino que también inspiramos a otros a hacer lo mismo, creando así un ciclo de expresión y reflexión continua.
Tomar una posición nos otorga libertad para proponer nuevas formas de entender el mundo. Pero, desde mi punto de vista, para poder tomar posición en necesario “saber”, con esto me refiero a que uno necesita informarse, necesita buscar, indagar, comparar, averiguar, entrevistar. Esto implica un proceso activo de conocimiento, que va más allá de una comprensión superficial. Solo a través de este proceso de inmersión profunda podemos construir una visión crítica y bien fundamentada, capaz de cuestionar y desafiar. Y además una visión capaz de argumentar frente a la ola de reacciones que pueda generar.
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