Ir al contenido principal

ALONSO REHOR, Victoria - CLASE 11

Mis preguntas

Era una pregunta individual. Yo propongo dos. Son preguntas que, por un lado, me angustian y, por el otro, me proponen desafíos.

1. ¿De qué manera puedo aportar algo nuevo al cine, considerando el vasto repertorio de películas e historias ya existentes?

2. ¿Cómo gestionar un equilibrio entre el trabajo creativo y las responsabilidades económicas que conlleva el mundo profesional, sin que estas presiones apaguen mi pasión por el cine?

La primera pregunta me acompaña desde el momento en que decidí estudiar una carrera de diseño, e incluso me llevó a cuestionar si realmente tenía la capacidad para dedicarme a la profesión de diseñadora. Desde mi perspectiva, la creatividad es el aura del diseño y el arte; es ese componente humano esencial e irrepetible que impulsa la originalidad y permite la constante reinvención. Es por eso que la inteligencia artificial nunca va a poder reemplazarnos en el diseño, por más avanzada que sea, porque carece de esa chispa genuina de intuición, emociones y experiencias personales que sólo un ser humano puede aportar.

Sin embargo, en el mundo del diseño, la creatividad humana parece estar sujeta a una expectativa de “constancia”, como si debiera fluir de manera ininterrumpida y siempre a disposición para resolver cualquier problema o desafío creativo. En mi caso, la creatividad llega en olas que vienen y se van; hay momentos en los que las ideas fluyen casi sin esfuerzo, mientras que en otros me siento completamente como una hoja en blanco. Y esa hoja en blanco es lo que me asusta, especialmente ahora que escribo este texto porque estoy bastante desmotivada. No es tanto una cuestión particular con la materia, sino con la facultad en general; quizás sea simplemente el peso acumulado y el cansancio de fin de año…

La facultad es para mí un lugar que “me contiene”, que me permite experimentar y errar, un lugar donde puedo “jugar a ser profesional” sin asumir, por completo, esa responsabilidad. Pero sé que, al entrar al mundo laboral, las reglas van a ser diferentes. Desde una completa subjetividad, siento que en el ámbito profesional se espera que la creatividad sea funcional y esté disponible sin importar los bloqueos o el cansancio. Y lo que me preocupa es que esta situación termine apagando mi pasión por el cine (pregunta 2). Me da miedo perder mi resonancia… y en definitiva, terminar perdiendo mi propio sonido… Me preocupa perderme en un mar de fórmulas preestablecidas y convenciones que me alejen de lo que realmente quiero contar, lo que quiero transmitir, de lo que realmente soy…

En mi manifiesto de la clase pasada escribí: “todo en este mundo ya está hecho”. A lo largo de la carrera, especialmente en las materias proyectuales, escuché a profesores preguntarnos qué elemento novedoso aportaríamos al cine. Siento que esa es una forma “equivocada” de enseñar, porque genera una ansiedad que difícilmente encuentra respuesta. Ese tipo de comentarios alimentan a nuestro monstruo interno que nos autoboicotea. En lugar de centrarse en lo novedoso, creo que sería más valioso celebrar las ideas y ahondar en el punto de vista personal que cada realizador tiene sobre una problemática o tema. Yo creo que mientras exista la mirada del realizador, cada historia será única. Es esa visión singular, ese filtro personal de experiencias, emociones y sensibilidades, lo que convierte a lo que ya está hecho en algo nuevo. Esta forma de pensar me da un alivio temporario…

En cuanto a la segunda pregunta, lo que realmente me inquieta hoy en día es cómo todo en la vida parece volverse una transacción comercial. Constantemente nos estamos “vendiendo” ante los demás; buscamos proyectar simpatía, inteligencia y, a veces, incluso aparentamos ser algo que no somos. Nos ponemos una máscara para convencer a alguien de que invierta en nuestros proyectos, de que se interese en nosotros. Vivimos en un mundo donde la competencias entre unos y otros se vuelve una constante. Estamos siempre comparándonos: quién es más creativo e innovador, quién tiene más proyectos reconocidos, quién alcanza mayores logros, quién parece tener más éxito. Esto genera un ambiente superfluo donde el diseño y el arte quedan opacos por la necesidad de destacarse a toda costa. Todo esto me resulta falso e insoportable. De alguna forma, tengo miedo a alienarme, a trabajar mecánica y rutinariamente, a perder el interés por lo que hoy en día me moviliza.  Pero de repente me acuerdo de Jonas Mekas y de su manifiesto contra el centenario del cine (1997):

“En estos tiempos de enormidad, de las películas para el gran espectáculo, de producción de cientos de millones de dólares, quiero tomar la palabra a favor de lo pequeño, de los actos invisibles del espíritu humano, tan sutiles, tan pequeños que mueren en cuanto se les coloca bajo la luz solar. Quiero brindar por las pequeñas formas cinematográficas, las formas líricas, los poemas, las acuarelas, los ensayos, los bocetos, las postales, los arabescos, las letrillas y las bagatelas, y los pequeños cantos en 8 mm. En estos tiempos en los que todo el mundo ansía tener éxito y vender, yo quiero brindar por aquellos que sacrifican el éxito social por la búsqueda de lo invisible, de lo personal, cosas que no reportan dinero, ni pan, y que tampoco te hacen entrar en la Historia Contemporánea, en la Historia del Arte o en cualquier otra Historia. Yo apuesto por el arte que hacemos los unos para los otros por amistad, por sí mismo. (…) La verdadera historia del cine es la historia invisible: la historia de los amigos que se reúnen y hacen lo que aman. Para nosotros, el cine comienza con cada zumbido del proyector. Con cada susurro de nuestras cámaras, ¡nuestros corazones se abrazan, mis amigos!”.

Y ahora que lo pienso, y retomo una de las primeras actividades de esta materia, creo que esta sería mi ciudad ideal, este sería mi mundo ideal. Completamente utópico, lo sé, pero humano. Un mundo que reivindica la belleza de los actos sutiles, esos que no buscan ser reconocidos ni colocados bajo los reflectores. Un mundo que promueve al diseño y al arte como formas de expresarse para conectar con aquellos que, como uno mismo, buscan en el arte una forma de comunicación genuina. Un mundo donde la competencia y lo superficial no dominan, donde las los pequeños diseños son los que realmente importan. Qué bien es poder manifestarse, y creo el diseño es justamente eso, un manifiesto. Qué bien es poder manifestarse, y creo el diseño es justamente eso, un manifiesto. Una declaración y una representación del mundo y como lo pensamos, lo sentimos y lo vemos. Una toma de postura.

Comentarios

Entradas populares de este blog

CAICAGUARE TOVAR, Indriany - CLASE 12

  RESONANCIA “La idea de resonancia impone no hacer foco en una experiencia particular…” Escribo sin pensar ¿Qué es escribir sin pensar? Creo que siempre pensamos, incluso dormidos.  ¿Soñar no es una forma de pensar? Estás generando ideas.  ¿”Soñar” es igual a “Ideas”? Yo creo que, de alguna forma, sí. Siempre pienso, incluso cuando no pienso, pienso que no pienso. Es muy extraño ser siempre consciente, lo único inconsciente es mantenerte vivo, hablando sobre el organismo y eso que el cerebro hace automáticamente. ¿Cuándo morimos pensamos que morimos? Creo que hay una conciencia de eso ¿Qué tipo de diseñador quiero ser? ¿Quiero ser diseñador? No sé si quiero diseñar, quiero hacer lo que quiero hacer, y ahora no quiero diseñar, quizás más adelante, en el futuro. Ahora quiero otras cosas, un poco más complejas.  Como ser feliz  ¿Ser feliz es un objetivo? Pero… si ser feliz es un objetivo, ¿Cómo lo logró? ¿Debo hacer algo para eso? ¿Diseñar me dará felicidad? Ser f...

CASADO, Sofía - CLASE 1

  Quién es yo Yo es un ente que vive y tiene la necesidad de experimentar para sentirse viva. Desde lo aventurero a lo personal y a lo académico, yo es una búsqueda constante de encuentro conmigo. Siempre piensa que se encuentra estable pero que hay más . Más conocimiento, más por ver y más por vivir. La frase “ser viajero, no turista” resonó en mí. Cómo siempre intento “vivir”, sintiendo que a veces paso por alto una situación sin hacerlo. Como siempre necesito más pero a la vez estoy conforme con mi situación momentánea. Mi yo ambicioso que no quiere perderse nada y que al mismo tiempo siente perderse todo. Me veo desde afuera y veo como mi ser pasa el día siguiendo un cronograma al que todo llega pero por poco se le escapa. Completo mi rutina de experiencias distintas, llenando los casilleros de la agenda de actividades diversas que vacilan entre estudio, ejercicio y actividades sociales, dejando de lado momentos de autoconocimiento como el mismo de reflexión. Me ví des...

SOTO, Valentina - Clase 12

Cómo el entorno y los espacios influyen en mi proceso como diseñadora, y cómo esa influencia puede ser más poderosa cuando me animo a soltar el control. Me doy cuenta de que a menudo busco tener todo definido y claro, casi como si ese control me diera una seguridad que necesito, tal vez por miedo a que mis ideas no sean lo suficientemente fuertes o a que no se vean como espero. Esto me hace pensar si, al querer mantener todo tan estructurado, estoy en realidad limitando algo importante dentro de mí, una conexión o un impulso creativo que podría enriquecer mi trabajo de maneras inesperadas. Pensé en cómo, cuando realmente me dejo llevar, empiezan a surgir conexiones que no había previsto y que al final terminan dándole un sentido más auténtico a lo que estoy haciendo. En esos momentos que todo fluye, siento que lo que hago no está desconectado de mi entorno, sino que es una extensión de eso. Me doy cuenta de que hay lugares que me inspiran y que, al estar en sintonía con ellos, la creat...