MI PREGUNTA
Al plantear la pregunta "¿Puedo vivir de esto o tendré que aprender un oficio por fuera de mi carrera?", no esperaba abrir tantas emociones y pensamientos.
Esta pregunta surge de algo que para mí es mucho más que una duda profesional; es una incertidumbre que me toca en lo más profundo, ligada a un contexto social y económico complicado que constantemente pone en riesgo la posibilidad de dedicarme a lo que amo. Como alguien que aspira a trabajar en el área de escritura en el cine, siento que esta elección profesional, que para muchos podría parecer simplemente una cuestión de preferencia, representa para mí una lucha personal, una búsqueda de identidad y, en última instancia, una pregunta sobre mi futuro y mi estabilidad.
La pregunta no es simplemente una inquietud sobre la economía o la situación del mercado laboral en el cine. Es una pregunta que engloba mis miedos, mis inseguridades y mis deseos. Porque, siendo extranjera, llevo conmigo una historia de desarraigo, una historia en la que los factores políticos y económicos externos me obligaron a dejar mi hogar. Ahora, en este nuevo lugar, sigo luchando contra una sensación de inestabilidad, una sensación de que en cualquier momento puedo verme forzada a moverme de nuevo. Este constante sentimiento de inseguridad es como una sombra que acompaña cada una de mis decisiones. La idea de dedicarme al cine, y en especial a la escritura en el cine, me llena de ilusión y me da un sentido de propósito, pero también me deja con esta pregunta latente: ¿Es esta una elección sostenible? ¿Puedo realmente vivir de esto? ¿O terminaré teniendo que buscar algo más seguro, algo que me ofrezca la estabilidad que tanto anhelo? Porque sí, anhelo más que nada sentirme segura.
Esta pregunta, que decidí exponer en la actividad, surgió de esa mezcla de sueños y miedos. Sin embargo, me sorprendió y me dolió mucho cómo algunos compañeros reaccionaron al escucharla. No esperaba que la reacción fuera tan negativa o, mejor dicho, tan insensible. Los otros grupos parecieron completamente en desacuerdo, y en algunos casos incluso ofendidos, fue muy fácil para ellos negar o minimizar la realidad que estaba exponiendo. Fue doloroso, porque la pregunta que yo planteaba no era una cuestión abstracta o una inquietud superficial; era algo profundamente personal, y la respuesta de los demás me hizo sentir que mi experiencia no era válida, que mi perspectiva, al ser diferente, simplemente no tenía valor para ellos.
Esa experiencia me hizo reflexionar sobre la falta de empatía y de comprensión que a veces encontramos en los espacios de diálogo y aprendizaje. Sentí que, al no compartir el mismo contexto o las mismas experiencias, mis compañeros veían mi situación como algo ajeno, algo que no valía la pena tomarse en serio. Esta falta de sensibilidad me hizo sentir sola en un espacio en el que, en teoría, todos tenemos el mismo sueño, dedicarnos a lo que amamos. Me hizo cuestionar si realmente hay un lugar para alguien como yo, con mi historia, mis preocupaciones y mis sueños, en este ámbito que a veces parece tan cerrado a experiencias distintas.
Lo que me pareció más duro fue la falta de reconocimiento de los desafíos específicos que enfrentamos aquellos que, como yo, hemos tenido que dejar nuestro país de origen. La experiencia de ser extranjera es una constante negociación entre el deseo de pertenecer y la realidad de no encajar completamente. Es un esfuerzo continuo por encontrar un lugar en un sistema que no siempre está diseñado para incluirnos. La idea de trabajar en el cine y de dedicarme a la escritura representa para mí no solo una elección profesional, sino una manera de construir un espacio en el que pueda sentirme en casa, un espacio en el que pueda aportar mi perspectiva única.
Esta experiencia me lleva a cuestionar cómo entendemos y validamos las diferentes realidades en los espacios educativos y profesionales. La falta de reconocimiento hacia la diversidad de experiencias, en este caso, fue un recordatorio de que, muchas veces, las inquietudes y las luchas personales son vistas como insignificantes o irrelevantes si no encajan en la visión dominante. Me pregunto cómo estos espacios pueden volverse más inclusivos, cómo podemos construir entornos en los que todas las voces tengan el mismo valor y en los que no se descarte la experiencia de alguien simplemente por ser diferente.
En este punto, la actividad se transformó para mí en algo más que una simple pregunta sobre mi futuro laboral; se convirtió en un ejercicio de introspección y de crítica hacia el sistema en el que me encuentro. Me di cuenta de que, en el fondo, la pregunta no es solo si podré vivir de esto o no, sino si existe un lugar en el que pueda vivir de esto y, al mismo tiempo, ser yo misma, con mis miedos, mis aspiraciones y mi historia. ¿Es posible construir una carrera en un espacio en el que constantemente tengo que justificar mi realidad y explicar por qué mis miedos son válidos?
Creo que esta experiencia también me ha llevado a entender la importancia de la empatía en cualquier ámbito, pero especialmente en uno como el cine, que se basa en contar historias y en comprender experiencias humanas diversas. Si mis compañeros, que también aspiran a trabajar en este campo o de la mano con el diseño, no pueden entender mi historia o, al menos, respetarla, me pregunto cómo podrán representar otras realidades en su trabajo. Porque el diseño, en el fondo, es eso: una ventana a diferentes mundos, una herramienta para conectar con lo que nos hace humanos, en todas nuestras diferencias.
Siento que es importante remarcar que no se trata solo de una preocupación personal, sino una invitación a reflexionar sobre cómo podemos construir espacios y redes que conecten de verdad con lo humano. Creo firmemente que el diseño no debería quedarse en la superficie ni ser visto como algo vanidoso o sin profundidad. Para mí, diseñar es dejar una parte de mi alma en la obra, es un acto de entrega en el que busco algo más que simplemente "hacer" o producir.
Mi pregunta, "¿Puedo vivir de esto o tendré que aprender un oficio por fuera de mi carrera?", se convierte en parte de un proceso más amplio de construcción de un espacio propio. Es un espacio donde mi historia y mi experiencia no son barreras, sino puntos de partida, una base desde la cual puedo crear algo con significado, algo que comunique realmente quién soy y lo que quiero aportar al mundo.
Espero que esto no se vea como una oportunidad para dar lástima ni para que alguien se sienta mal por mi situación. Simplemente, quiero compartir una perspectiva que siento importante, con la esperanza de que podamos construir juntos un entorno en el que el valor de nuestras historias y en el que todos podamos dejar un pedazo de nuestra esencia en lo que hacemos.
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