Nuestras preguntas
Al tener sobre la mesa el juego social y sus estructuras, nos dio a pensar sobre como se ven interferidos nuestros campos de diseño a futuro. Es a raíz de nuestras inquietudes personales que vimos en común estas problemáticas:
- a) ¿Se puede vivir del diseño o hay que aprender un oficio?
- Hay una constante en el pensamiento, en el que se asoma la inseguridad generada por la incertidumbre en las posibilidades de crecimiento personal y económico en el campo laboral del diseño, donde surge como una alternativa la búsqueda de una nueva profesión.
- Correcciones de las preguntas: ¿cómo poder vivir plenamente del diseño sin tener que recaer en otra disciplina que no se vincule con el diseño? ¿Hay oficio en el diseño? Hay que desidealizar e ir entendiendo que uno se va a ir encontrando en el mercado laboral a medida que se va haciendo.
- b) ¿Como encontraré promotores que demanden mis diseños?
- Surge esta pregunta porque conocemos los riesgos que se enfrenta en el campo del diseño, perder identidad y alinearse a la estructura de las industrias.
- Correcciones de las preguntas: ¿cómo incorporar mis propias ideas a lo que un promotor demanda? ¿Cómo puedo integrar mis ideas y creatividad personal en los proyectos para satisfacer las necesidades y expectativas de otro?
Con respecto a la primer pregunta: ¿Es posible encontrar una carrera que nos permita vivir exclusivamente de nuestra pasión por el diseño? ¿O será que debemos diversificar nuestra práctica para adaptarnos a las demandas del mercado? Tal vez vivir del diseño sea también adaptarse constantemente y reconfigurar el enfoque del propio oficio. En esta encrucijada, nos preguntamos si el diseño debe ser un servicio que se adapta completamente a las demandas del cliente o si existe un espacio para mantener nuestra autenticidad, incluso dentro de un mercado competitivo. ¿Cómo encontrar ese equilibrio entre creatividad personal y expectativas ajenas sin perder nuestra identidad? No se trata de rendirse ante el mercado, sino de encontrar formas de reinterpretar nuestras ideas para hacerlas encajar en contextos que no necesariamente alinean con nuestra visión original. En ese sentido, el proceso de diseño se convierte en un ejercicio constante de negociación entre lo que somos y lo que el mundo necesita.
Al vernos atravesados por un contexto socioeconómico donde el querer diseñar esta sujeto a un financiamiento externo en la mayor parte de los casos y no siempre basta, estas dudas nos reflejaban inquietudes. Son inquietudes que nacen de una realidad que atraviesa a muchos de los que nos dedicamos al diseño: el campo laboral incierto y variable, que está condicionado por estructuras industriales que pueden limitar la creatividad y la identidad propia. Estas preguntas expresan nuestra intención de construir una carrera que no solo sea económicamente viable, sino que también respete y refleje nuestras visiones, valores y estilo personal.
Cuando las embajadoras hicieron los recorridos por las mesas surgieron nuevas ramas de estas problemáticas, donde a veces se creía que vivir del diseño es una idealización y que hay que adaptarse al mercado o, por otra parte, que mis ideas se pueden incorporar a las demandan financiadas. Fue especialmente interesante que los otros grupos nos preguntaran si había algún arquitecto entre nosotras. Tal vez nuestras preguntas se inclinaban más hacia el rol de freelancer, algo que se observa con mayor frecuencia en carreras como Diseño Gráfico y Diseño de Imagen y Sonido. También nos llamó la atención que en los dos grupos en los que actuamos como embajadoras, nos comentaran que en la formulación de nuestras preguntas se percibía nuestra postura ante esa problemática. En este sentido, no eran preguntas "objetivas", sino que estaban planteadas desde nuestros propios conocimientos, posturas, dudas y valores. Esto nos llevó a reflexionar y a considerar con mayor profundidad el lugar desde el cual nos posicionamos al abordar ciertos temas. A veces, en el mismo planteo de la pregunta, nos encontramos con la respuesta que está en nuestro inconsciente. Esta experiencia nos lleva a cuestionarnos sobre la objetividad en el diseño. ¿Realmente podemos ser "objetivos" cuando nuestra visión personal, nuestras dudas y nuestras creencias se entrelazan con cada decisión que tomamos? ¿Qué tan difícil es separar la influencia de nuestras vivencias del proceso de creación de diseño?
De la otra manera, pudimos ver otras temáticas planteadas por otros grupos, como la asignación de roles al trabajar y la necesidad de estar constantemente al día con las demandas que van surgiendo, y cómo plantear un futuro con el diseño visto como algo más fundamental ligado a lo social y no como algo agregado. Las variaciones de las pregunta surgen de las incógnitas hacia el futuro, desde el no saber. Para algunas el ámbito laboral es algo ya adoptado como para otras no, pero el desempaño de diseñador que pueda expresarse en su totalidad con sus diseños sigue siendo un gran signo de pregunta, un objetivo a alcanzar. ¿Estamos dejando de lado el rol transformador del diseño al enfocarnos tanto en la viabilidad económica? Tal vez el futuro del diseño no deba estar marcado solo por la búsqueda de un "mercado ideal", sino por el impacto que pueda generar en las comunidades, en lo social, y en la forma en que las personas experimentan el mundo. ¿Podría ser que el diseño tenga que redefinir su propósito para ser verdaderamente relevante? El diseño debería ser mucho más que una simple transacción económica. Debería ser una herramienta capaz de influir, transformar y mejorar la vida de las personas.
A medida que vamos avanzando en nuestras carreras, me gustaría pensar que podemos encontrar un equilibrio entre lo que el mercado demanda y lo que realmente queremos aportar al mundo con nuestro diseño. Ojalá logremos fusionar esas dos cosas: adaptarnos a lo que se necesita, pero sin perder de vista el propósito de usar el diseño para hacer el bien, de verdad.
A medida que vamos avanzando en nuestras carreras, me gustaría pensar que podemos encontrar un equilibrio entre lo que el mercado demanda y lo que realmente queremos aportar al mundo con nuestro diseño. Ojalá logremos fusionar esas dos cosas: adaptarnos a lo que se necesita, pero sin perder de vista el propósito de usar el diseño para hacer el bien, de verdad.
Estas incertidumbres van cambiando según como nos posicionamos en el "juego social" y como cambian nuestras ideas de necesidades-demanda-deseo a la par de nuestro contexto y marco valorativo formado en cada punto de nuestra trayectoria profesional. ¿Realmente tenemos control sobre nuestras trayectorias profesionales o son las circunstancias externas las que nos empujan a ciertos caminos? ¿El diseño, como campo, está evolucionando hacia lo que realmente necesitamos como sociedad, o nos estamos dejando arrastrar por la idea de que debemos adaptarnos al mercado? Tal vez, el verdadero desafío sea crear un espacio donde esas fuerzas se fusionen, y podamos practicar un diseño que hable tanto de nuestras necesidades como de las de los demás, sin perder la esencia de lo que somos como creadores.
Casado, Sofía
Alonso Rehor, Victoria
Gil Agustina
Valentina Soto
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