Problema detonante
Como sujetos nos enfrentamos constantemente a distintos temas que nos parecen problemáticos, y lo interesante es que cada quien lo hace desde su propia perspectiva, influenciado por el enfoque de las experiencias de nuestra mirada atravesada por nuestras propias vivencias. ¿Es posible que identifiquemos un problema no solo por la magnitud del mismo, sino por como nos afecta personalmente? Quizás lo que para una persona es solo una preocupación más, para otra es una crisis existencial. En este sentido, nuestras vivencias marcan lo que consideramos importante o urgente analizar. Lo que para una puede ser un problema relevante, para otra puede no tener tanta importancia, o simplemente no lo había visto de la misma manera. Pero, ¿qué hace que algo se convierta en un problema detonante para una persona y no para otra? La respuesta está en nuestras experiencias, en el contexto social, cultural y académico en el que nos encontramos, y en la manera en que hemos sido formadas para mirar la realidad. Lo que consideramos un "problema" es más una construcción personal y colectiva que una verdad absoluta, y esta construcción cambia a medida que nuestras perspectivas se amplían o se transforman a lo largo de nuestra vida.
La experiencia vivida en clase nos permitió reflexionar sobre cómo llegamos a identificar un "problema detonante”, un concepto qué difiere de los problemas cotidianos. Un problema detonante no es solo una dificultad más, sino algo qué tiene el poder de sacudirnos, obligándonos a enfrentar una situación crucial. Esté tipo de problemas nos empuja al límite, al borde de una transformación o crisis personal, generando un cambio significativo. Pero ¿qué es lo qué hace qué un tema sea detonante para alguien y no para otra persona? Aquí se encuentra la complejidad del asunto: el contexto social, cultural y académico de cada individuo es lo qué moldea su percepción de lo que es un problema. Y esto en definitiva se produce porque un problema es un problema porque hay yo — ser humano, vivo y social— que lo determina como tal. Un problema aparece cuando se enuncia un yo. Y ese yo es subjetivo y tiene un recorrido propio.
Durante la actividad, al compartir nuestros problemas detonantes, nos dimos cuenta de que nuestras experiencias de vida afectan profundamente como miramos la realidad. ¿Hasta qué punto nuestras vivencias y valores condicionan nuestra forma de abordar los problemas? Es interesante cómo, en un mismo espacio académico, podemos tener visiones tan distintas sobre lo que se considera un desafío. Mientras algunas compañeras planteaban cuestiones qué les parecían fundamentales, otras no las habían visto de la misma manera o ni siquiera las habían considerado cómo problemáticas. En este sentido, el intercambio nos permitió darnos cuenta de que nuestras miradas están inevitablemente atravesadas por nuestras vivencias, y eso afecta la manera en que entendemos y analizamos los problemas que enfrentamos. Llegamos a la conclusión, nuestros problemas al final detonan en todos los hábitos de nuestra vida, más allá de su surgimiento -en la facultad, en el trabajo, en nuestra casa- termina inevitablemente contaminando en todos los aspectos de nuestra vida, convirtiéndose en un problema proyectual.
Encontramos nuestro modelo común para hacer el módulo de sentido grupal. Él mismo tocaba puntos de contacto con nuestra experiencia facultativa. Lo que estudiamos y vivimos dentro de la facultad deja una huella en nuestra forma de pensar, nos genera un punto en común en nuestras vivencias donde nuestros contextos en parte se vinculan. Cuestiones que antes no nos parecían importantes, de repente se vuelven centrales porque hemos adquirido nuevas herramientas conceptuales o vivido experiencias que nos permiten verlas desde otro ángulo. ¿De qué manera el contexto académico influye en la forma en que decidimos qué analizar y qué ignorar? ¿De qué manera vamos a utilizar aquellas nuevas dudas que surgen a nuestro favor?
Coincidimos en que más allá de las diferentes disciplinas que estudiamos, el problema que siempre se repite es la búsqueda de nuestro rasgo propio, aquello que nos distingue de los demás, que nos hace ser diseñadoras con estilo personal. ¿Cómo nos diferenciamos? ¿De qué manera tengo que pensar las soluciones para que tengan mi rasgo distintivo? Si bien nuestros problemas detonantes individuales no nos coincidieron entre todas, esta temática en común nos atravesó en conjunto. De lo modélico del pensamiento faduense al del diseñador en general, la problemática se generaba por dudas que fueron creciendo en las clases compartidas.
Al final, lo más revelador fue entender qué los problemas detonantes son aquellos qué nos transforman, aquellos que nos obligan a movernos y buscar soluciones creativas. Son los que debemos tomar como inspiración, como puntapié para encarar un nuevo proceso de diseño. Nos enfrentan a una crisis, pero también nos brindan la oportunidad de crecer y evolucionar.
El diseño tanto académico como en la vida cotidiana, siempre encuentra sentido cuando hay algo que resolver, y es en esos problemas donde encontramos el verdadero motor de nuestra creatividad, la chispa que nos impulsa a seguir explorando y a reconfigurar nuestra manera de entender y construir la realidad.
Casado, Sofía
Grecco Karen
Alonso Rehor, Victoria
Valentina Soto Caicaguare Indriany
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