A medida que avanzo en la profesión de diseño, me encuentro pensando cada vez más en los distintos actores que influyen en mi camino y son ajenas a mi. En el diseño, el “juego social” no se limita a lo que creo, sino que abarca a todas las personas y entornos que condicionan mis decisiones. ¿Quiénes son los actores principales que guían o moldean mi carrera como diseñadora? Al mirar mi recorrido, me doy cuenta de que hay profesores, colegas, clientes e incluso el propio mercado que, de una forma u otra, dejan una huella en mi forma de trabajar y de ver el diseño. Pero a veces siento que, en este juego, mi identidad corre el riesgo de diluirse. ¿Cómo encuentro un equilibrio entre esas influencias externas y mi propia visión?
Uno de los actores más fuertes en mi formación fueron mis profesores, quienes no solo me enseñaron técnicas, sino también una manera de ver el diseño. Cada comentario, cada devolución y cada expectativa moldearon la forma en que me enfrento a los proyectos. ¿Será posible que algunas de sus ideas hayan quedado tan grabadas en mí que, a veces, limite mis propias ideas? Me doy cuenta de que su influencia es como una guía, pero también puede transformarse en una estructura que me impida explorar libremente. Es como si hubiera una “versión ideal” de diseñadora que se espera de mí, y a veces me pregunto si me esfuerzo más en cumplir con esa imagen que en descubrir mi propio enfoque.
¿Cuánto de lo que aprendí de mis profesores sigue siendo útil y cuánto debería cuestionar?
Quizás este sea uno de los desafíos principales, aprender a reconocer qué de esas enseñanzas sigue siendo fundamental y qué es solo un reflejo de su visión. No todo consejo debe aplicarse siempre, cada proyecto es una oportunidad para probar mis propias ideas y reinterpretar lo aprendido.
Además, están los clientes, que tienen sus propios gustos, necesidades y expectativas. Al final, ellos son quienes consumen y valoran el trabajo, quienes validan mi diseño o lo critican. ¿Hasta qué punto me estoy dejando llevar por la necesidad de complacer a un cliente y dejando de lado lo que me gustaría comunicar? A veces pienso que al cumplir con lo que otros piden, pierdo un poco de la visión personal que me gustaría desarrollar. Al mismo tiempo, me pregunto si existe la posibilidad de llegar a un punto intermedio, un espacio donde el cliente y yo podamos construir algo juntos, que refleje tanto sus necesidades como mi identidad como diseñadora. ¿Será que, en este juego de concesiones, puedo mantener un estilo único y reconocible? ¿Cómo puedo asegurarme de que cada proyecto conserve una parte de mi identidad, incluso cuando trabajo para un cliente? Quizás la clave esté en aprender a negociar y comunicar mi visión al cliente para crear una obra que sea genuina y que mantenga su esencia tanto como la mía.
Mis colegas son otro grupo que cumple un rol importante. Sus críticas y comentarios en clases o en redes sociales, las tendencias que siguen y los estilos que prefieren marcan una especie de “piso” o “ideal” al que parece que todos queremos llegar. ¿Cuántas veces me encontre comparando mi trabajo con el de otros? Me pregunto si es posible encontrar inspiración sin caer en la trampa de la comparación constante, de sentir que tengo que alcanzar el mismo nivel o incluso el mismo estilo que veo en otros. Y me pregunto, también, ¿cuánto de mi identidad real se pierde en ese intento de encajar en lo que parece ser lo “correcto” dentro de nuestra comunidad?
Y no puedo dejar de lado el mercado. Las tendencias y modas del diseño gráfico, las herramientas que usamos y las plataformas en las que mostramos nuestros trabajos, ¿influyen tanto en mi proceso que pierdo autenticidad en la búsqueda de ser relevante? El mercado de diseño parece moverse a una velocidad vertiginosa y, a veces, siento que estoy atrapada en una carrera interminable por aprender lo último, usar la técnica más reciente o seguir el estilo más popular. Esto me hace pensar si, en esta carrera por no quedarme atrás, estoy perdiendo de vista las cosas que realmente me inspiran. ¿Es posible destacar sin seguir cada tendencia, o incluso ir a contracorriente y hacer algo verdaderamente original?
¿Podré ser yo quien influya en el juego social del diseño? En lugar de dejarme llevar completamente por él. ¿Será posible que mi trabajo, algún día, inspire a otros de la misma manera en que tantos diseñadores y actores han influido en mí? Pienso que este es uno de los mayores desafíos de ser diseñadora, aprender a jugar en el campo de los demás, pero sin perder de vista el propio. Al final, creo que el objetivo es encontrar una manera de tomar las influencias externas y transformarlas en algo que realmente resuene conmigo, en algo que tenga la autenticidad que quiero expresar.
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